Nuria volvió a buscar en el bolso abierto y tocó algo que no esperaba encontrar. Lucía vio desde el pasillo, con el maletín pegado al pecho, la póliza de seguro aún desplegada entre sus documentos.
“Extiende la mano”, dijo.
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Nuria permaneció inmóvil.
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Por primera vez desde que Lucía entró en la casa, nadie parecía tener una explicación preparada.
Lucía había regresado de Doha esa misma mañana sin avisar a nadie. Durante casi tres años, había trabajado como supervisora de limpieza en un hotel de lujo, mientras enviaba dinero para que su madre pudiera recibir fisioterapia, medicamentos, comida, pañales, una silla especial y un colchón ortopédico.
Durante 34 meses, Sergio le envió fotos que parecían demostrar que Carmen estaba bien.
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Pero las fotografías siempre tenían algo extraño.
La misma ventana.