Un niño desconocido le hizo dudar de seis meses de diagnósticos

Para Vincent, además, atacaba una identidad construida durante veinte años.

El hombre más temido de Atlanta podía vigilar bodegas.

Podía controlar rutas.

Podía pagar seguridad.

Podía conocer movimientos de rivales.

Y aun así quizá no supiera qué ocurría en el plato de su hija.

Pero “quizá” seguía siendo la palabra.

No había que perderla.

El niño permanecía como pieza central.

¿Por qué estaba allí?

¿Cómo conocía a Lila?

¿Había estado cerca de la casa?

¿Había visto algo desde una ventana?

¿Trabajaba alguien que conocía?

¿Había recibido comida de esa casa?

Ninguna respuesta.

Incluso su condición de niño sin hogar, como la describe la fuente, añadía vulnerabilidad.

Si decía la verdad y alguien sabía que había visto algo, podía estar en peligro.

Si estaba equivocado, seguía siendo un niño asustado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *