Una madre devolvió la leche de su bebé por falta de dinero… y un desconocido cambió sus vidas para siempre

—¿Director financiero?

—Sí.

—¿Y estaba comprando una cena congelada a las nueve de la noche?

Por primera vez en mucho tiempo, Alejandro soltó una carcajada sincera.

—Parece que soy mejor manejando el dinero de una empresa que mi propia vida.

Mariana sonrió.

Luego lo observó con mayor atención.

—Usted también tiene problemas.

Aquello lo desconcertó.

—Todos tenemos.

—No. Quiero decir… se nota que perdió a alguien.

La sonrisa desapareció del rostro de Alejandro.

—Mi esposa.

Mariana bajó la voz.

—Lo siento.

—Fue hace dieciocho meses.

—¿Tenían hijos?

Alejandro negó.

—Queríamos.

No dijo más.

Mariana comprendió.

Él sacó entonces una pequeña chequera de su portafolio.

La usaba pocas veces, principalmente para asuntos personales.

Escribió una cantidad.

Ochenta mil pesos.

Arrancó el cheque y se lo ofreció.

Mariana ni siquiera extendió la mano.

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