Alejandro bajó la mirada hacia el cheque.
Por primera vez aquella noche decidió decir la verdad completa.
—Mi esposa y yo pasamos años imaginando cómo sería tener hijos.
Mariana permaneció en silencio.
—Pensábamos en nombres, en escuelas, en cómo organizaríamos el trabajo. Después nos convencimos de que había otras formas de construir una vida y que ya decidiríamos más adelante.
Respiró hondo.
—Entonces Verónica murió.
La habitación quedó en silencio excepto por el sonido del biberón.
—Desde entonces tengo mucho dinero y absolutamente ninguna idea de para qué quiero usarlo.
Mariana lo miró.
Alejandro continuó:
—Esta noche fue la primera vez en meses que hice algo que me hizo sentir… útil.
Le tendió nuevamente el cheque.
—Permítame hacer algo que habría hecho sentir orgullosa a mi esposa.
Mariana finalmente lo tomó.
Sus manos temblaban.
—No sé qué decir.