Una madre devolvió la leche de su bebé por falta de dinero… y un desconocido cambió sus vidas para siempre

No habló con enojo.

Eso sorprendió más a Alejandro que cualquier reproche.

Sonaba simplemente cansada.

—Decidió que no quería esa responsabilidad —continuó—. Así que somos nosotras tres.

—Debe ser difícil.

—Algunos días más que otros.

—¿Trabaja?

—Trabajaba en un restaurante. Cerró el mes pasado.

Alejandro la miró brevemente por el espejo retrovisor.

—¿Y ahora?

—Busco trabajo. Tengo algunas entrevistas.

Hizo una pausa.

—El problema es encontrar horarios compatibles con las niñas. Una amiga me ayuda algunas veces, pero también tiene su propia familia.

—Y mientras tanto se están acabando los ahorros.

Mariana sonrió sin alegría.

—Hace varias semanas que se acabaron.

Llegaron a una colonia de Guadalajara formada por edificios antiguos, pequeños comercios y departamentos modestos.

Mariana indicó uno de dos plantas.

—Aquí es.

Alejandro insistió en subir las bolsas.

El departamento tenía una sola habitación, una sala pequeña y una cocina estrecha.

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