“Estas tarjetas no se escribieron para que se quedaran en una caja”.
La tarjeta del pastel de limón de la abuela estaba ahí, sobre la encimera.
Patricia lavó los limones mientras Elora leía los ingredientes en voz alta.
“¿Una cucharadita de sal?”
“¡La abuela cambió de opinión!”
La masa estaba demasiado espesa, así que añadí leche como solía hacer ella. Se derramó un poco sobre la encimera al verterla en el molde.
Elora leyó los ingredientes en voz alta.
Patricia fue a por un paño.
“Déjalo”, dijo Elora. “Lo limpiaremos cuando hayamos metido el pastel en el horno”.
El pastel subió de forma desigual y un lado se doró más que el otro.
“Lo limpiaremos cuando hayamos metido el pastel”.
Antes de guardar las tarjetas, saqué la receta de la tarta de manzana de la abuela.