—Le pedí muchas veces a Mauricio que contrataran a una cuidadora —recordó Daniela—. Siempre decía que no me metiera, porque era asunto de su familia.
Esa noche Mauricio finalmente llamó.
Ni siquiera preguntó cómo estaba la pierna de Daniela.
—Mi mamá me dijo que hiciste un escándalo y corriste a mi hermana.
Daniela apretó el teléfono.
—¿Tú les diste permiso para instalarse en mi casa?
Hubo un silencio.
—Tenemos que hablar.
—Contéstame.
—Sí, pero era temporal.
—Valeria dice que acordaron que después yo debía poner el departamento a su nombre.
Otro silencio.
—Mi mamá pensó que era lo más justo.
Daniela cerró los ojos.
Aquel silencio era suficiente respuesta.
Después de acostar a Nicolás, se sentó con sus padres en la cocina.
Y por primera vez contó todo lo que había ocultado durante años.
Teresa había tenido una copia de las llaves desde el inicio del matrimonio.