—Te busqué.
Alejandro frunció el ceño.
—No.
—Sí.
Se levantó, abrió un cajón y sacó una caja de cartón.
Dentro había sobres.
Muchos sobres.
Todos dirigidos a Alejandro Mendoza.
Algunos tenían más de tres años.
—Te escribí cuando descubrí que estaba embarazada.
Alejandro tomó uno.
Nunca había visto esa carta.
—Te escribí después del nacimiento.
Tomó otro.
Otro sobre.
—Te escribí cuando Sofía enfermó y pensé que iba a necesitar una operación que yo no podía pagar.
Alejandro sintió un frío recorrerle el cuerpo.
—Nunca recibí nada.
—Lo sé.
Mariana sacó entonces una carta diferente.
No estaba escrita por ella.
Era una respuesta.
Alejandro reconoció inmediatamente el membrete de una antigua oficina familiar.
Leyó.
“Señora López:
El señor Mendoza no desea tener ningún contacto con usted. Le rogamos que no vuelva a comunicarse con él ni con su familia.”