Alejandro leyó dos veces.
Luego una tercera.
—Yo jamás autoricé esto.
—Durante años pensé que sí.
En la parte inferior había una firma.
Alejandro la reconoció.
Eduardo Mendoza.
Su hermano mayor.
Alejandro se quedó completamente inmóvil.
De pronto recordó conversaciones antiguas.
Eduardo diciéndole que Mariana se había casado.
Eduardo asegurándole que ella no quería volver a verlo.
Eduardo insistiendo en quedejar atrás el pueblo era lo mejor para su futuro.
—No…
Mariana lo observó.
—Tu hermano sabía de Sofía.
Alejandro sintió náuseas.
Esa misma noche enfrentó a Eduardo por videollamada.
Al principio lo negó todo.
Hasta que Alejandro mostró las cartas.
Entonces Eduardo guardó silencio.
—¿Por qué? —preguntó Alejandro.
—Porque eras un idiota.
—¿Qué hiciste?
—Te protegí.
Alejandro golpeó el escritorio.
—¡Me quitaste a mi hija!
Eduardo levantó la voz.
—¡Tú estabas construyendo un imperio! ¿Sabes qué habría pasado si regresabas al pueblo por una mujer embarazada? Nuestro padre necesitaba que estuvieras concentrado. Los inversionistas necesitaban estabilidad.