Alejandro lo miró con incredulidad.
—¿Nuestro padre sabía?
El silencio respondió antes que Eduardo.
Sí.
Su propio padre había sabido.
También había utilizado contactos para impedir que las cartas de Mariana llegaran hasta él.
Y cuando los Robles comenzaron a destruir su reputación, nadie intervino.
Porque para la familia Mendoza, Mariana era unproblema que debía permanecer lejos.
Alejandro terminó la llamada sin despedirse.
A la mañana siguiente, su equipo legal presentó formalmente los documentos sobre las operaciones de los Robles.
La investigación reabrió el caso.
Con los registros bancarios, las sociedades fantasma y los movimientos posteriores al despido de Mariana, la historia comenzó a derrumbarse rápidamente.
Un antiguo contador aceptó declarar.
Después habló otro empleado.
Finalmente, apareció una copia digital de los archivos que Mariana había descubierto cuatro años atrás.
Ricardo Robles había desviado el dinero.