Ernesto lo sabía.
Y ambos habían decidido culpar a Mariana porque era la persona perfecta: empleada, madre soltera, sin dinero suficiente para defenderse.
Tres meses después, las autoridades retiraron formalmente toda sospecha contra Mariana.
Los Robles enfrentaron cargos por fraude, falsificación documental y obstrucción.
Pero Alejandro sabía que limpiar su nombre no devolvería los años perdidos.
Una tarde regresó a la pequeña casa.
Sofía estaba sentadaafuera dibujando.
—Mira —dijo cuando lo vio—. Hice una casa.
Alejandro se agachó.
El dibujo tenía tres personas.
Una mujer.
Una niña.
Y un hombre muy alto.
Alejandro sintió un nudo en la garganta.
—¿Quién es él?
Sofía sonrió.
—Tú.
Mariana estaba observándolos desde la puerta.
Alejandro se acercó a ella.
—Compré una casa en el pueblo.
La expresión de Mariana cambió.
—No necesito que me rescates.
—No es para ti.