Era momento de subir.
Cuando se sentó en la cabina, sintió que el corazón le latía con fuerza.
Miró los instrumentos.
Respiró.
Y pensó:
“Alexander, el niño que miraba los aviones desde abajo, finalmente está aquí.”
El avión comenzó a moverse.
Y mientras avanzaba por la pista, recordó todas las veces que había pensado que aquel día nunca llegaría.
Entonces llegó el momento.
El avión comenzó a elevarse.
Alexander miró por la ventana.
La tierra empezó a quedar atrás.
Y una emoción difícil de describir apareció en su rostro.
Había despegado.
Su sueño ya no estaba en el cielo.
Ahora estaba viviendo dentro de él.