Un mes después, la licenciada Patricia reunió a Alejandro, Daniela y a sus abogados.
Yo también asistí.
Mi hijo parecía haber envejecido años. Daniela ya no llevaba la ropa impecable ni el maquillaje perfecto de sus fotografías.
Se sentaron separados.
Patricia puso frente a ellos una carpeta.
—Existe un procedimiento familiar en curso. Además, la señora Elena reclama la restitución del dinero utilizado de la cuenta destinada a Mateo. El monto documentado hasta ahora es de 216,000 pesos.
Alejandro se llevó las manos a la cabeza.
—No tengo ese dinero.
Daniela lo señaló.
—¡Él gastó muchísimo más que yo!
—¿Yo? ¿Y tus hoteles? ¿Tus restaurantes?
Comenzaron a atacarse.
Los observé durante varios minutos.
Hasta que pregunté:
—¿Alguno quiere saber cómo está Mateo?
Callaron.
Alejandro me miró.
—Mamá, yo estaba muy presionado. En el trabajo me exigían demasiado. Daniela y yo peleábamos todos los días. Necesitaba escapar.
Daniela empezó a llorar.
—Yo me sentía invisible. Solo era esposa y mamá. Quería sentir que todavía tenía una vida.
—Pueden divorciarse —respondí—. Pueden cambiar de empleo. Pueden terminar una relación. Pueden pedir ayuda. Lo que no pueden hacer es obligar a un niño de siete años a pagar el precio de sus frustraciones.
Empujé hacia ellos una copia del reporte médico.
—Mateo llegó a mi casa con fiebre alta después de caminar solo bajo una tormenta.
Luego coloqué los reportes escolares.
—Llegaba cansado y con hambre.
Finalmente puse los movimientos bancarios.
—Y mientras él aprendía a vivir con doscientos pesos, ustedes gastaban el dinero que llevaba años ahorrándose para su futuro.
Alejandro bajó la cabeza.
Por primera vez dijo:
—Quiero pedirle perdón.
—Tal vez algún día Mateo decida escuchar ese perdón. Pero no lo harás para sentirte mejor tú. Será cuando los profesionales consideren que no representa un daño para él.
La reunión no decidió por sí sola la patria potestad; eso correspondía al juez. Sin embargo, ambos aceptaron no impugnar que Mateo continuara provisionalmente bajo mi cuidado y firmaron un convenio para restituir el dinero, sujeto a la revisión correspondiente.
Meses después llegó la audiencia decisiva.
Yo llevaba una carpeta enorme.
Ya casi no hacía falta abrirla.
Había informes de la escuela, valoraciones psicológicas, registros de ubicación, fotografías, estados bancarios y el reporte de protección infantil.