El cabello de la niña dejó de caer. Sus dolores en las piernas disminuyeron. Recuperó el apetito y volvió a correr por los pasillos hasta que Tamara le prohibió hacerlo porque casi derribó un carrito de medicamentos.
Elena tardó más.
Su corazón había soportado casi dos años de intoxicación. Necesitaba seguimiento, rehabilitación y tratamiento. Pero la supuesta enfermedad terminal dejó de parecer terminal.
Una mañana, el cardiólogo que sustituyó a Patricia entró con una sonrisa.
—Su fracción de eyección está mejorando.
Elena lo miró desconfiada.
—¿Eso significa que no voy a morir?
El médico se quedó serio.
—Significa que nadie debería haberle hecho creer que tenía fecha de caducidad.
Elena volvió la cara hacia la ventana y lloró en silencio.
Durante dos años había vivido despidiéndose. Guardó videos para Camila “por si algún día mamá ya no está” y escribió cartas para su graduación, sus quince años y la universidad.
Ignacio había leído algunas de esas cartas.
Incluso le había dicho que eran “una hermosa idea”.
Ahora Elena comprendía que mientras ella escribía despedidas, él calculaba herencias.
El proceso judicial comenzó meses después.
Patricia Robles perdió su licencia médica y enfrentó cargos por participación en tentativa de homicidio, falsificación de expediente y administración deliberada de sustancias tóxicas.
Durante su declaración sostuvo que Ignacio la manipuló.
Dijo que al principio creyó que solo quería debilitar a Elena para controlar las empresas. Luego admitió que supo que el plan podía matarla.
Sobre Camila repitió una y otra vez:
—Eso fue idea de él.
Pero los mensajes demostraron que ella había preguntado qué dosis sería “suficiente para que pareciera una enfermedad infantil”.
El juez no la creyó una simple espectadora.
Ignacio enfrentó cargos aún más graves.
Además del envenenamiento de Elena y Camila, la Fiscalía reabrió la investigación por la muerte de Mauricio.
Uno de los hombres que había estado en la lancha pidió protección y cambió su declaración.
Contó que Mauricio discutió con Ignacio por movimientos financieros de la empresa. Aseguró que, minutos antes de caer al agua, Ignacio lo golpeó.
El testigo había mentido por miedo y por dinero.
No había una prueba perfecta, pero aparecieron transferencias, mensajes y contradicciones que permitieron presentar cargos.