—¿Qué le hicieron?
Renata comenzó a llorar.
—Lo golpearon en el mismo garaje.
—¿Dónde está Emiliano ahora?
Ella levantó los ojos.
—Desapareció.
Aquella palabra cambió todo.
Lo que había comenzado como una investigación por la agresión contra mi hija se convirtió en algo mucho más grande.
La Fiscalía revisó el informe original de Valeria.
Encontraron 2 versiones.
La primera describía lesiones compatibles con golpes producidos por un objeto contundente.
La segunda, registrada 3 horas después utilizando las credenciales de un mando policial, hablaba de una caída accidental.
Después apareció otra pieza.
El hospital había recibido una llamada de un integrante de su consejo administrativo solicitando cambiar notas del expediente médico.
El médico que atendió a Valeria se había negado.
Había guardado radiografías, fotografías clínicas y registros con hora exacta en un servidor protegido.
Por primera vez entendí algo.
Los Alcázar parecían invencibles porque durante años todos habían guardado silencio.
Pero no todos estaban dispuestos a seguir haciéndolo.
Después llegaron transferencias bancarias.
Pagos.
Facturas falsas.
Empresas fantasma.
Depósitos desde compañías vinculadas a Arturo hacia funcionarios municipales.
Verónica apareció en el hospital cuando la investigación llevaba 3 días fuera del control de su familia.
Corrió hacia mí llorando.
—Javier, tienes que escucharme.
Me coloqué delante de la puerta de Valeria.
—No puedes entrar.
—Soy su madre.
—También eras su madre cuando gritó tu nombre.
Verónica se quedó inmóvil.
—Tenía miedo.
—Ella también.
—No entiendes a mi papá.
—Entiendo perfectamente lo que vi.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué viste?
Saqué mi teléfono.
No necesité reproducir el video.
Verónica comprendió.
—Javier…
—La miraste.
—Rodrigo estaba fuera de control.
—La miraste.
—Pensé que se detendría.
—Y cerraste la cortina.
Verónica comenzó a llorar.
Yo no sentí satisfacción.
Solo cansancio.
Aquella misma tarde Rodrigo y Esteban aparecieron acompañados por 2 abogados.
Rodrigo sonrió cuando me vio.
—Hablemos como hombres.
No respondí.
—Dime cuánto quieres.
Entonces una puerta lateral se abrió.
Salieron 4 agentes de investigación.
Detrás de ellos estaba Renata.