Daniel confundió mi falta de interés por las juntas interminables con falta de autoridad.
Durante años firmé una autorización ejecutiva limitada que le permitía manejar operaciones cotidianas.
Esa misma autorización incluía una cláusula de suspensión inmediata ante indicios graves de irregularidades financieras.
Cuando la firmamos, Daniel se burló.
—Tú y tus papelitos.
Aquella madrugada, mis “papelitos” acababan de cerrarle todas las puertas.
A las 4:15 el consejo recibió el expediente que yo había preparado.
A las 4:31 se aprobó la suspensión provisional de Daniel.
A las 4:43 el banco restringió cualquier transferencia vinculada con sus credenciales.
A las 5:08 nuestro abogado emitió instrucciones para preservar correos, computadoras, facturas y registros contables.
Daniel respiró con fuerza.
—No puedes demostrar nada.