“Abuela, por favor no me hagas volver…” Mi nieto de 7 años lloraba después de llegar solo a mi puerta con casi 40 grados de fiebre. Su padre estaba con otra mujer y su madre también había desaparecido esa noche. Yo no los enfrenté de inmediato: cambié la cerradura, llamé a una abogada y puse sobre la mesa los estados de cuenta… porque faltaban más de 200,000 pesos del dinero del niño.

Prefería contar monedas durante el resto de mi vida antes que volver a verlo temblando frente a una puerta cerrada.

Un mes después, la licenciada Patricia reunió a Alejandro, Daniela y a sus abogados.

Yo también asistí.

Mi hijo parecía haber envejecido años. Daniela ya no llevaba la ropa impecable ni el maquillaje perfecto de sus fotografías.

Se sentaron separados.

Patricia puso frente a ellos una carpeta.

—Existe un procedimiento familiar en curso. Además, la señora Elena reclama la restitución del dinero utilizado de la cuenta destinada a Mateo. El monto documentado hasta ahora es de 216,000 pesos.

Alejandro se llevó las manos a la cabeza.

—No tengo ese dinero.

Daniela lo señaló.

—¡Él gastó muchísimo más que yo!

—¿Yo? ¿Y tus hoteles? ¿Tus restaurantes?

Comenzaron a atacarse.

Los observé durante varios minutos.

Hasta que pregunté:

—¿Alguno quiere saber cómo está Mateo?

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