—No hice nada extraordinario.
—Quizá para ti no —respondió él—. Pero para nosotros significó mucho.
Marco estaba a mi lado, llorando abiertamente.
Nunca lo había visto llorar así desde que era un niño.
Me rodeó con los brazos.
—Mamá…
Le acaricié la mejilla.
—Estoy aquí, hijo.
—Siempre me dijiste que no teníamos mucho dinero, pero que nunca debíamos olvidar ayudar a los demás.
Sonreí entre lágrimas.
—Porque es verdad.
Me abrazó de nuevo.
—Estoy orgulloso de ti.
Aquellas palabras valieron más que cualquier vestido caro que hubiera podido comprar.
Lara pidió que acercaran una silla a la primera fila, junto a sus padres.
Quiero que te sientes aquí, Teresa.
Miré el asiento.
Era el lugar reservado para la familia más cercana.
—Pero este lugar…