—Prometo construir contigo una familia en la que nadie tenga que sentirse menos por lo que
tiene o por lo que le falta.
Lara sonrió.
—Y yo prometo que nunca olvidaremos de dónde venimos ni a las personas que nos ayudaron a llegar hasta aquí.
No sé si aquellas palabras estaban relacionadas con lo ocurrido o si simplemente eran las promesas que ya habían preparado.
Pero, al escucharlas, sentí una paz que no había conocido en mucho tiempo.
Cuando finalmente se besaron, toda la iglesia estalló en aplausos.
Yo también aplaudí.
Lloré tanto que tuve que buscar un pañuelo en el bolso.
Y cuando Marco y
Lara caminaron juntos por el pasillo, Lara se detuvo frente a mí y me dio otro abrazo.
—Gracias por venir con ese vestido —susurró.
Me reí entre lágrimas.