Y sonreí.
No porque hubiera descubierto que necesitaba que otras personas me reconocieran para tener valor.
Sino porque había comprendido que mi valor nunca había dependido de la tela que llevaba puesta.
Y sonreí.
No porque hubiera descubierto que necesitaba que otras personas me reconocieran para tener valor.
Sino porque había comprendido que mi valor nunca había dependido de la tela que llevaba puesta.