Valeria observó la hoja frente
a ella.
No había pedido que bloquearan temporalmente la tarjeta.
La había cancelado.
La diferencia importaba.
—No voy a arreglarla —respondió.
Diego guardó silencio apenas un segundo.
Luego su voz cambió.
—No hagas berrinches. Estamos aquí por culpa de tus dramas y mi mamá está cansada.
Detrás de él se escuchó a doña Carmen preguntando si ya había conseguido una camioneta.
Karla hablaba al mismo tiempo sobre las reservaciones del paseo que quería hacer.
Diego se alejó unos pasos, quizá buscando un rincón desde donde pudiera recuperar el tono que usaba cuando quería convertir una orden en algo supuestamente razonable.
—Mira, cuando regreses hacemos cuentas si quieres. Pero ahorita necesito que me mandes otra tarjeta.
—No.
—¿Cómo que no?
—Como lo escuchaste.
—Soy tu esposo.
Valeria volvió a mirar el documento.
Esa frase había sido la llave de todo.