Capítulo 2: La carta que mi hermana nunca se atrevió a enviar

No sabía si Ray estaría allí.

Tampoco sabía si tendría el valor de mirarlo a los ojos después de todo lo que había descubierto.

Pero tenía una certeza: no volvería a permitir que decidiera quién era yo.

Megan me esperaba junto a la entrada.

Cuando me vio, sonrió y me abrazó con fuerza.

—Pensé que quizá no vendrías.

—Te prometí que estaría aquí.

—Papá está dentro. Ha estado preguntando por ti toda la mañana.

—¿Sabe que traje los documentos?

Megan asintió.

—Y está furioso.

No me sorprendió.

La ceremonia
fue sencilla y hermosa. Megan caminó hacia el altar con un vestido blanco, y por primera vez en muchos años la vi verdaderamente feliz.

Cuando llegó el momento de las fotografías familiares, Ray se acercó.

Había envejecido. Su cabello estaba casi completamente gris y caminaba con cierta dificultad.

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