Ray cerró los ojos.
—No quería que volviera.
—¡Era su padre biológico! —gritó ella.
—¡Yo era quien te criaba a ti! ¡Yo era quien tenía que mantener esta familia!
Lo miré sin levantar la voz.
—Tú eras el adulto. Yo era un niño. No tenías derecho a utilizar mi vida para vengarte de una historia que ocurrió antes de que yo naciera.
Thomas Reed abrió su maletín y sacó varias copias.
—Ray, estos documentos bancarios y la declaración notarial serán examinados. También tenemos
las cartas y los registros que contradicen la supuesta renuncia de Thomas. No podemos prometer un resultado inmediato, pero hay motivos suficientes para iniciar las acciones correspondientes.
Ray miró al abogado.
—¿Quieres llevar a tu propio padre a los tribunales?
—No eres mi padre por haberme dado un apellido —respondí—. Y tampoco dejarás de ser responsable por lo que hiciste.