Capítulo 2: La carta que mi hermana nunca se atrevió a enviar

Ray cerró los ojos.

—No quería que volviera.

—¡Era su padre biológico! —gritó ella.

—¡Yo era quien te criaba a ti! ¡Yo era quien tenía que mantener esta familia!

Lo miré sin levantar la voz.

—Tú eras el adulto. Yo era un niño. No tenías derecho a utilizar mi vida para vengarte de una historia que ocurrió antes de que yo naciera.

Thomas Reed abrió su maletín y sacó varias copias.

—Ray, estos documentos bancarios y la declaración notarial serán examinados. También tenemos

las cartas y los registros que contradicen la supuesta renuncia de Thomas. No podemos prometer un resultado inmediato, pero hay motivos suficientes para iniciar las acciones correspondientes.

Ray miró al abogado.

—¿Quieres llevar a tu propio padre a los tribunales?

—No eres mi padre por haberme dado un apellido —respondí—. Y tampoco dejarás de ser responsable por lo que hiciste.

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