Cerré los ojos.
Dieciocho años.
Dieciocho años creyendo que mi
padre simplemente había decidido borrarme de su vida.
Y ahora descubría que quizá también había intentado borrar mi derecho a recibir lo que mi madre había dejado para mí.
—Megan, necesito ver esos documentos.
—Puedes venir mañana. Pero hay una última cosa.
—¿Qué?
Su voz se volvió apenas un susurro.
—Papá sigue vivo, Thomas. Y cuando le dije que te había encontrado, se puso furioso. Después me pidió que cancelara la invitación.
Me quedé mirando por la ventana.
Durante dieciocho años no había sabido nada de Ray.
Ahora, de repente, parecía que él sabía perfectamente dónde encontrarme.
Y lo que más me inquietaba no era que quisiera verme.
Era que todavía tenía miedo de que yo descubriera la verdad.
Continuará en el capítulo 3…
Capítulo 3: Los ahorros de mi madre y la mentira de dieciocho años