CAPÍTULO 2: LA MUJER QUE REGRESÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

Emily comenzó a llorar nuevamente.

No la abracé.

No porque hubiera dejado de quererla, sino porque necesitaba que comprendiera que el amor

no significaba permitir cualquier cosa.

—Quiero que me devuelvas todas las llaves que tienes. Y, a partir de hoy, no entrarás aquí sin mi autorización.

Ella asintió lentamente.

David se acercó también.

—Voy a cooperar con la investigación. No sabía que Emily había presentado esos documentos, pero reconozco que participé en las conversaciones sobre la venta.

Lo miré.

—Espero que esta vez digas toda la verdad.

Él bajó la cabeza.

Después se marcharon.

Esa noche, me quedé sola en la sala de estar.

Los quince colchones habían desaparecido. Los zapatos ya no estaban en el pasillo y alguien había devuelto las fotografías de Robert a su lugar.

Sin embargo, todavía encontraba pequeños rastros de aquella invasión.

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