CAPÍTULO 2: LA MUJER QUE REGRESÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

Mi yerno sabía que estaban planeando algo. Pero ¿hasta dónde llegaba su participación? ¿Y qué tenían que ver aquellas cenizas con todo aquello?

Llamé inmediatamente a Michael.

—Necesito que vengas. Hay algo que no te he contado.

Cuando llegó, le mostré la fotografía y le expliqué mis sospechas sobre la urna.

Michael examinó la imagen detenidamente.

—No debemos sacar conclusiones precipitadas. Pero hay una manera de comprobarlo.

—¿Cuál?

—El hermano de Linda murió
hace cuatro meses. Si las cenizas realmente le pertenecen, debe existir un certificado de cremación y un registro del lugar donde fueron entregadas.

Me quedé helada.

—Entonces, ¿podemos averiguar quién está enterrado en esa urna?

—Sí. Y también debemos averiguar quién te la entregó.

Aquella última pregunta me hizo recordar algo.

La urna no había llegado a mis manos por casualidad.

Tres semanas antes, había recibido un paquete de un abogado de Florida. Dentro había una carta firmada por un hombre que afirmaba haber sido socio de Robert. Decía que necesitaba entregarme algo importante relacionado con los últimos días de mi marido.

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