—¿Y?
Daniel tragó saliva.
—La llave sigue estando en mi bolsillo.
Otro golpe resonó desde abajo.
Esta vez fueron tres golpes consecutivos.
Como si alguien estuviera llamando desde el otro lado de la pared.
Y entonces la mujer que todos creían muerta pronunció una frase que terminó de destruir todo lo que yo
creía saber sobre mi familia:
—No abras esa puerta hasta que escuches la grabación. Porque la persona que está ahí dentro lleva treinta y cuatro años esperando que regreses.
CAPÍTULO 3: EL SECRETO QUE LINDA HABÍA ENTERRADO DURANTE AÑOS
La pregunta de David quedó suspendida en el aire.
—Mamá… ¿Robert era mi verdadero padre?
Linda abrió la boca, pero no consiguió pronunciar una sola palabra.
Emily miraba alternativamente a su marido y a su suegra. Yo permanecía junto a la mesa, con las manos apoyadas sobre la carpeta de mi difunto esposo.