“No estaba enojada por la cuenta. Estaba enojada porque para quedar bien con otros estuviste dispuesto a traicionar lo que habías construido conmigo.”
No volvió a escribir.
Meses después me encontré a Brenda en una plaza.
—Mi tía todavía dice que exageraste —me contó.
—Está bien.
—¿No te molesta?
Pensé unos segundos.
—Ya no necesito que ella entienda.
Y esa fue quizá la lección más importante.
Durante mucho tiempo creí que poner límites significaba lograr que los demás reconocieran que yo tenía razón.
No.
A veces poner un límite significa aceptar que van a llamarte egoísta, fría o exagerada… y aun así no moverlo.
La noche del cumpleaños de Yolanda yo creí que estaba bloqueando una tarjeta.
En realidad estaba bloqueando una forma de vivir.
La de callarme para evitar pleitos.