Celebraron como millonarios con el dinero que yo había ahorrado durante cinco años, pero al llegar la cuenta de $286,400 todas las tarjetas fueron rechazadas. Mi esposo suplicó: “No me hagas esto delante de mi familia”. Yo cerré la última caja y contesté: “Sigan festejando, ahora les toca resolverlo”. Lo que ninguno sabía era que yo ya había encontrado pruebas de para qué querían sacar otros $300,000.
—Señor, el depósito ya fue aplicado. Queda un saldo de ciento ochenta y seis mil cuatrocientos pesos.
Rodrigo tapó mal el micrófono.
Cuentas de ahorro
—Dame veinte minutos, jefe. Mi esposa está haciendo un berrinche.
Esa palabra me dio más claridad que cualquier disculpa.
—No voy a pagar un peso más.
—¡Nos estás humillando!
Divisas y cambio de moneda extranjera
—No. Ustedes se humillaron solos al pedir cosas que no podían pagar.
Colgué.
Diez minutos después llamó Brenda, su prima.
—Oye, ¿qué pasa? Mi tía está llorando.
—Que pague lo que pidió.
Brenda guardó silencio y luego dijo:
Contabilidad y auditoría
—Yo pensé que tú sabías.
—¿Saber qué?
—Tu suegra llevaba semanas diciendo que ustedes iban a pagar todo. También dijo que después de la fiesta Rodrigo iba a sacar otro poco del ahorro para cambiarle el coche.