Celebraron como millonarios con el dinero que yo había ahorrado durante cinco años, pero al llegar la cuenta de $286,400 todas las tarjetas fueron rechazadas. Mi esposo suplicó: “No me hagas esto delante de mi familia”. Yo cerré la última caja y contesté: “Sigan festejando, ahora les toca resolverlo”. Lo que ninguno sabía era que yo ya había encontrado pruebas de para qué querían sacar otros $300,000.

Antes de colgar, Brenda me mandó dos capturas de las historias que Yolanda había subido esa tarde. En una levantaba una copa y escribía: “Mi hijo sabe cómo consentir a su madre”. En otra aparecía frente a una mesa cubierta de mariscos y botellas con la frase: “Cuando has criado bien a un hombre, él sabe quién fue su primera mujer”.

Tarjetas de crédito

Me ardieron las mejillas.

No por celos.

Por la certeza de que mientras yo seguía creyendo que aquello era una imprudencia de última hora, ellos lo habían convertido en un espectáculo público.

Sentí un hueco en el pecho.

Divisas y cambio de moneda extranjera

Abrí la computadora de Rodrigo. Su WhatsApp Web seguía conectado.

Nunca antes lo había revisado.

Esa noche sí.

Busqué el chat con Yolanda.

“Si Daniela pregunta, dile que el restaurante cuesta menos.”

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