“Ella ni revisa los movimientos hasta fin de mes.”
Y luego apareció un mensaje de Rodrigo:
“Primero sacamos lo de tu fiesta. Luego vemos cómo convencerla de usar 300 para tu camioneta. Cuando compremos casa yo saco crédito y repongo.”
No había sido un impulso.
Era un plan.
Guardé capturas y llamé a mi hermana para que viniera.
A las 9:03 tocaron el timbre.
Era un repartidor con un enorme arreglo de flores de Rodrigo.
La tarjeta decía:
“Perdón por el susto. Mañana hablamos. Te amo.”
Debajo del florero venía un papel doblado que no pertenecía al arreglo.
Era una copia de una promesa de pago del restaurante firmada por Rodrigo. Tenía cuarenta y ocho horas para cubrir el saldo.
En “contacto alterno” aparecían mi nombre, mi teléfono y la dirección de mi departamento.