Y al final, escrita a mano, había una frase:
“El cliente manifiesta contar con recursos familiares suficientes para liquidar.”
Rodrigo no solo había gastado a escondidas.
Estaba intentando arrastrarme a la deuda.
Pero todavía no sabía que el documento escondía una verdad peor, y que al día siguiente descubriría quién había organizado realmente aquella trampa.
PARTE 3
Mi hermana Fernanda llegó diez minutos después y me encontró frente a la computadora, leyendo por tercera vez la promesa de pago.
—¿Él puede ponerte como responsable sin tu firma? —preguntó.
—No.
—Entonces mañana vas con un abogado.
No estaba llorando. Tampoco estaba furiosa. Sentía algo peor: la sensación de que mi matrimonio ya había terminado y mi cuerpo apenas empezaba a entenderlo.
Fernanda me ayudó a reunir escrituras, estados de cuenta, comprobantes de la hipoteca y nuestras capitulaciones matrimoniales.