A las 10:18 Rodrigo llegó.
Lo supe porque intentó abrir con su llave y después empezó a tocar el timbre.
—¡Daniela! ¡Abre!
Yo había cambiado la cerradura esa misma tarde después de consultar por teléfono a un abogado conocido de mi trabajo. Le expliqué que el departamento era mío desde antes del matrimonio, que estábamos casados por separación de bienes y que quería terminar la convivencia. Me recomendó documentar todo, no retener sus pertenencias y evitar cualquier confrontación.
Por eso sus cajas ya estaban listas.
Miré por la mirilla.
Rodrigo estaba despeinado, con la camisa fuera del pantalón. Detrás de él estaba Yolanda, todavía con el vestido brillante de la fiesta, pero sin nada de la seguridad con la que aparecía en sus fotos.
—Abre —ordenó ella—. Tenemos que hablar como familia.
Salí al pasillo con Fernanda detrás de mí.