Me quedé mirando a mi gerente, incapaz de comprender sus palabras.
—¿Qué encontró en mi pasado?
Antes de que pudiera responder, uno de los hombres vestidos de negro entró al restaurante.
—Señorita Marshall, el señor Moretti desea hablar con usted. Puede negarse, pero creemos que hay algo que necesita saber.
Miré hacia la camioneta.
A través de la ventanilla distinguí una enorme cabeza negra.
Orión.
En cuanto me vio, comenzó a mover la cola desesperadamente.
El hombre abrió la puerta y el perro saltó al suelo, corriendo directamente hacia mí.
—¡Orión!
Se detuvo frente a mis piernas y apoyó su cabeza contra mi vientre.
Entonces escuché una voz profunda.
—No había hecho eso en tres años.
Levanté la mirada.
Dante Moretti estaba junto al vehículo.
Llevaba un abrigo negro y tenía una expresión que no supe interpretar.
—¿Qué quiere decir?