—Yo cuidé a papá —repitió, más baja—. Tú estabas en fotografías. Yo estaba en la sala de espera. Cuando Dominic me buscó, dijo que el fideicomiso iba a parar a manos de abogados si tú seguías firme en un matrimonio que ya no existía. Dijo que papá habría preferido mi nombre porque yo no me había vendido.
—No me vendí —dije—. Me equivoqué. Es distinto. Y no autoriza a tachar a una hija.
Dominic soltó una risa seca.
—Jonathan te escondió el dinero para que te quisieran por ti misma. Mírate. El día
que el dinero aparece, te vistes de esmeralda y subes a un escenario. Richard te fabricó una coronación. La auditoría es un favor entre viejos. Quinn Lane prestó servicios reales. Vanessa abre puertas. Eso vale más que tus lágrimas.
—Entonces enseñen las puertas —dijo Helena—. La junta no compró metáforas. Compró la ausencia de un trabajo. Y este borrador no es una metáfora. Es el intento de escribir que un hombre no entendía su propia herencia.