Dominic cerró la puerta con el talón, como si el piso siguiera obedeciéndole.
—Esa carta es un borrador médico —dijo—. Confidencial. Caroline la guardó mal. Devuélvela y hablamos como adultos.
Vanessa no miró la carta. Miró mis pendientes.
—Qué enternecedor. Las joyas de mamá y el discurso de anoche. Evelyn, los periódicos ya tienen otra versión. La esposa abandonada que se presenta en una gala del brazo de un viejo amigo de su padre. Si sigues, vas a quedar como una mujer inestable que confunde un fideicomiso con una venganza.
Helena extendió la mano hacia Caroline, no hacia Dominic.
—El estuche. Y el sobre. Los dos quedan en la mesa. Si alguien se los lleva, saldremos de aquí y el juez leerá que opusieron resistencia
a una evidencia ya identificada. No es una amenaza. Es el orden de los hechos.
Caroline dudó. Miró a Dominic. Él no le sostuvo la mirada, y eso, más que la carta, me dijo quién mandaba en aquella alianza. Mi hermana dejó el estuche y el sobre. El anillo nuevo le brilló al sol de la ventana.