—General, ¿qué sabe usted sobre mis hijos?
Vance no respondió.
En cambio, miró hacia el pasillo, donde Noah, Ethan, Sofía y Olivia acababan de aparecer junto a Lena.
Entonces pronunció unas palabras que hicieron que Margaret comenzara a llorar.
—Ahora comprendo por qué el general Reynolds insistió tanto en proteger a esos cuatro niños.
Sentí que el corazón se detenía.
—¿Protegerlos de quién?
Vance miró directamente a Daniel.
—De
la misma persona que ordenó separar a sus padres hace ocho años.
La frase del general Marcus Vance quedó colgada entre el árbol del pasillo y la puerta del despacho.
Noah fue el primero en entender que aquellas palabras no eran un saludo. Retrocedió un paso y buscó mi mano. Ethan se pegó a Lena. Sofía rodeó a Olivia con el brazo, como hacía cuando una tormenta golpeaba las ventanas de Texas. Ninguno de los cuatro habló. Miraban al hombre del uniforme, y el uniforme les devolvía una sonrisa que ya no estaba.