Durante la semana siguiente dormí poco. Margarita reunió a un especialista en análisis documental y a un abogado penalista. Hicimos copias verificables de los archivos, identificamos fechas, ordenamos las facturas y separamos cuidadosamente lo que podía probarse de lo que solamente sospechábamos.
Yo tenía miedo de cometer un error. Cada papel me recordaba las ocasiones en que Héctor me había ordenado no meterme en sus asuntos. Sin embargo, cuanto más avanzábamos, más claro quedaba que mis conocimientos nunca habían desaparecido. Solo llevaba demasiado tiempo escondiéndolos.
La perito encontró diferencias en la presión y el trazo de la firma. Parecía una imagen reproducida de un comprobante antiguo. Peor aún: el formato del documento había sido creado después de la fecha que aparecía impresa. Alguien lo había preparado para hacerlo pasar por anterior.
Margarita me miró desde el otro lado de su escritorio.