Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

Esteban respiró fuerte.

—¿Me denunciaste?

—Todavía no por todo.

Tomás se adelantó.

—Vieja loca, si crees que vas a quitarle algo a mi papá—

—Un paso más —lo corté— y llamo a la policía.

Se detuvo.

No porque me respetara.

Porque por primera vez no sabía qué tan lejos había llegado yo.

—Tomás —dije—, se acabaron tus depósitos.

—No puedes hacer eso.

—No son míos. Eran de la pensión y del seguro de tu papá. Pero la abogada va a pedir revisión porque mientras él decía no tener para pagar enfermera, sí tenía para tus viajes a Cancún, tu moto y tus tenis de diecisiete mil pesos. EncuentraTemplos Cercanos

Tomás miró a su padre.

—Dijiste que todo estaba arreglado.

Esteban lo fulminó.

—Cállate.

Yo sonreí.

—Eso. Cállense entre ustedes. A mí ya me cansaron.

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