Yo ni siquiera volteé.
—Buenas tardes, Tomás. En esta casa se toca.
—Esta casa es de mi papá.
Ahora sí lo miré.
—No.
Él se rio.
—Ay, señora, no empiece.
Abrí otra hoja.
—Esta casa se compró dentro del matrimonio, pero el enganche salió de mi cuenta y las remodelaciones las pagué yo. Además, tu papá la hipotecó sin avisarme usando un poder falso. Eso ya lo está revisando mi abogada. EncuentraTemplos Cercanos
Tomás dejó de sonreír.
—¿Abogada?
Esteban golpeó el descansabrazos.
—Brenda, estás exagerando.
—No. Estoy documentando.
Saqué el celular.
Reproduje el audio.
La voz de Tomás llenó la sala:
“Cuando mi papá se muera, tú te vas a largar de esta casa.”
Luego la de Esteban:
“Déjala. Mientras me sirva, que se quede.”
Tomás se puso rojo.
Esteban cerró los ojos.
—Apaga eso.
—No.
—Brenda.
—Lo escuchó la licenciada. También lo escuchó una psicóloga del Centro de Justicia para las Mujeres. Me explicaron que ahí dan atención integral, jurídica y psicológica a mujeres según sus necesidades y con perspectiva de derechos humanos. No fui a llorar. Fui a aprender cómo se llama esto. ApoyaCausas Sociales