—¿Dónde encontraste eso?
—En mi casa.
—Es mi documentación privada.
—No. Es la prueba de que mientras yo peleaba con el IMSS por tus terapias, tú mandabas dinero a Tomás, escondías cuentas y planeabas sacarme de la casa que llevo cinco años manteniendo.
Esteban apretó las ruedas de su silla.
—No puedes hacerme esto. Soy tu esposo. Estoy enfermo.
—No estás enfermo de la lengua.
Le puse frente a él una hoja.
—Este poder notarial no lo firmé yo.
Se quedó mirando el papel.
No parpadeó.
Ahí entendí que no solo sabía.
Él lo había ordenado.
—Era para protegerte —dijo.
—¿Falsificar mi firma era protegerme?
—Tú no entendías de asuntos legales.
—No. Tú rezabas para que nunca entendiera.
La puerta se abrió sin tocar. EligePuertas Resistentes
Tomás entró como siempre, con gorra, tenis caros y cara de dueño.
—¿Qué le estás haciendo a mi papá?