Él lloró.
Esa vez sí parecía miedo.
—Yo te necesitaba.
—No. Me usabas.
—No sé ser otra cosa.
Sentí un dolor viejo.
Porque tal vez era verdad.
Pero yo ya no tenía que pagar la incapacidad emocional de un hombre con mi espalda, mis manos y mi juventud.
—Aprende —le dije.
La ambulancia se fue.
Yo me quedé en la banqueta, sin saber qué hacer con los brazos.
de la mañana.
Y en vez de sentir libertad, sentí vacío.
Un vacío enorme.
Como una casa después de sacar un mueble podrido que llevaba años oliendo mal.
La casa quedó en silencio.
No bonito al principio.
Silencio de susto.
El primer día limpié la sala. PlanificarArtículos Para Fiestas Y Eventos
Quité la cama hospitalaria.
Cuando los camilleros se la llevaron, la marca de las ruedas quedó en el piso.
Pasé el trapeador una vez.