DESTRUYÓ MIS CUATRO VESTIDOS DE NOVIA LA NOCHE ANTES DE MI BODA, PERO NO IMAGINÓ QUIÉN CAMINARÍA A MI LADO AL ENTRAR A LA IGLESIA

También había sido quien recomendó mi ascenso.

—Gracias, mi general —respondí, tratando de controlar la emoción.

Él sonrió.

—Hoy no estoy aquí para hablar de rangos. Estoy aquí porque una de mis mejores oficiales merece caminar hacia su futuro con la frente en alto.

Entonces abrió la pequeña caja. Dentro estaba una insignia de capitana, pulida y brillante.

—Esta insignia perteneció a la primera mujer que comandó mi escuadrón. Me pidió que algún día se la entregara a alguien que comprendiera que el valor no depende de lo que otros piensen de ti. Creo que usted es esa persona.

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas, pero esta vez no eran de tristeza.

Al fondo de la iglesia, mi padre parecía incapaz de comprender lo que estaba viendo.

—¿Qué significa todo esto? —murmuró Walter.

El general lo escuchó. Se volvió hacia él sin perder la compostura.

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