El general explicaba que, en aquella época, mi familia había intentado comunicarse con su oficina para solicitar que me retiraran de una asignación porque, según ellos, yo estaba descuidando mis obligaciones familiares.
Me quedé helada.
Recordé aquella llamada de mi madre. Me había dicho que papá estaba enfermo y que necesitaba que regresara a casa. Cuando pregunté qué tenía, nunca me dio una respuesta clara.
El general había investigado antes de intervenir. No existía ninguna emergencia médica. Mi padre simplemente quería que abandonara mi carrera y regresara a trabajar en el negocio familiar.
La carta incluía una nota escrita por Walter en aquel entonces. Decía que yo era una hija desobediente y que mi lugar estaba junto a mi familia, no en una base militar.
Sentí una tristeza profunda. No era la primera vez que intentaban controlar mi vida, pero sí era la primera vez que veía pruebas de hasta dónde habían llegado.