—Meredith, ¿crees que tu padre está intentando disculparse?
Negué lentamente con la cabeza. Porque conocía demasiado bien a Walter.
Y aquella nota no parecía una disculpa.
Parecía el comienzo de otra amenaza.
PARTE 3
No respondí el mensaje de mi padre aquella noche. Era mi boda. Por primera vez en muchos años, decidí que Walter no tendría el poder de arruinarme un momento importante.
Daniel y yo bailamos, reímos y recibimos los abrazos de nuestros amigos. El general Caldwell se quedó hasta el final de la recepción y, antes de despedirse, me entregó una última carta.
—Quiero que la leas cuando estés tranquila —me dijo—. No tiene nada que ver con tu padre. Es algo que debí haberte entregado hace tiempo.
La guardé en mi bolso.
A la mañana siguiente, después de desayunar con Daniel, abrí la carta. Era una copia de un reconocimiento que había recibido durante mi segundo año de servicio.