—Cuando Theo entró hoy —dijo—, yo no supe ver el amor que había detrás de lo que estaba haciendo. Pensé en echarlo. Quiero pedirle perdón delante de todos porque delante de todos estuve a punto de humillarlo.
Theo levantó la mirada.
—Este muchacho no vino a faltarle al respeto a mi hijo. Vino a cumplirle una promesa. Y yo le agradezco que haya tenido el valor de hacerlo, incluso sabiendo que nosotros podíamos reaccionar mal.
Daniel tuvo que detenerse para recuperar la voz.
—Jack tenía razón en algo. Hemos pasado tanto tiempo pensando en cómo murió que se nos había olvidado hablar de cómo vivió.
Mi esposo miró la fotografía que habíamos colocado junto al ataúd.
—Hoy quiero recordarlo riéndose con su mejor amigo.
No añadió nada más.
Bajó del estrado, se sentó a mi lado y me tomó la mano.