Nos quedamos callados.
Luego Theo preguntó si queríamos que guardara el vestido rojo o se lo devolviera definitivamente a Lucía.
Daniel lo miró con una ternura que meses atrás no habría podido expresar.
—Haz lo que quieras con él, hijo. Ya nos dio un regalo que no vamos a olvidar.
Theo sonrió tristemente.
—Nunca pensé que un vestido prestado fuera a significar tanto.
Yo tampoco.
En casa conservamos la nota de Jack y una fotografía que nos tomaron con Theo después de la ceremonia. La guardamos junto a otras imágenes de nuestro hijo: la de su primer día de escuela, una Navidad con los dos muchachos frente al árbol y aquella del festival con la cinta roja.
No pusimos el vestido en un altar ni fingimos que el dolor había desaparecido.
Simplemente dejamos de tratar aquel día como una vergüenza.