PARTE 1
Emiliano Duarte apagó las luces de su mansión en Lomas de Chapultepec, tomó su maleta italiana y besó a sus 2 hijas en la frente como si todo fuera normal. Bolsosy equipaje
—Solo serán unos días, mis niñas —dijo con una sonrisa tranquila—. Pórtense bien.
Daniela, de 9 años, lo abrazó fuerte.
Martina, de 6, se quedó pegada a su saco, como si quisiera detenerlo sin decirlo.
Ninguna sabía que su papá estaba mintiendo.
No había viaje a Europa.
No había junta en Madrid.
No había avión privado esperando en Toluca.
Menos de 1 hora después de salir por la entrada principal, el hombre más poderoso del sector inmobiliario en la Ciudad de México regresó por la puerta de servicio, sin hacer ruido, acompañado solo por Rubén, su jefe de seguridad.
No volvió para sorprender a nadie.