Volvió para mirar.
Porque la duda ya le estaba comiendo la cabeza.
La noche anterior, Patricia, su prometida, se había inclinado sobre la mesa del comedor y le había susurrado algo que no lo dejó dormir.
—Confías demasiado en Rosa —dijo ella, bajando la voz—. Esa muchacha te está robando. Y peor… está manipulando a tus hijas. Familia
Emiliano no quiso creerlo de inmediato.
Rosa llevaba 4 años trabajando en su casa. Era discreta, puntual, callada. Venía de Oaxaca, mandaba dinero a su mamá enferma y jamás había pedido nada fuera de su sueldo.
Pero Patricia llevaba semanas sembrando comentarios pequeños.
Que faltaba una pulsera.
Que las niñas corrían primero con Rosa.
Que Rosa sabía demasiadas cosas de la casa.
Que una empleada tan silenciosa siempre escondía algo.
Al principio, Emiliano lo ignoró.
Después empezó a mirar todo distinto.