Emiliano miraba la pantalla como si alguien le estuviera abriendo el pecho.
Durante meses, Patricia le había dicho que Rosa manipulaba a sus hijas. Familia
Pero en esa imagen, la única persona que parecía defenderlas era precisamente Rosa.
—Váyanse a su cuarto —ordenó Patricia.
Las niñas no se movieron.
—Dije que se larguen.
Rosa se agachó frente a ellas.
—Suban, mis niñas. Yo voy ahorita.
El “mis niñas” golpeó a Emiliano como una piedra.
No por celos.
Sino porque sonó natural.
Como algo ganado con noches de fiebre, tareas, miedos y meriendas. Cosas que él, entre viajes y juntas, no había estado para dar.
Daniela tomó a Martina y subieron corriendo.
Patricia esperó a que desaparecieran.
Luego caminó hacia Rosa y le habló casi pegada a la cara.
—Te estás metiendo donde no debes.
—Solo cuido a las niñas.
—No. Las estás poniendo contra mí.